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Lunes 16 Septiembre 2019

¿La paleodieta aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular?

Paleodieta

Quienes siguen la paleodieta tienen más probabilidades de padecer cardiopatías por la falta de cereales integrales y las grandes porciones de carne roja en el menú, según este estudio australiano. ¿Pero se ha analizado en él "nuestra" paleodieta? ¿O la "dieta del hombre de las cavernas" investigada es una cosa distinta?

 

La gente que sigue la paleodieta tiene el doble de cantidad de n-óxido de trimetilamina (TMAO) en su sangre, un biomarcador que está relacionado con las enfermedades del corazón. Es lo que se desprende de una investigación de la Universidad Edith Cowan (Australia) en la que se puso bajo la lupa la influencia de la dieta sobre las bacterias intestinales. El estudio está publicado en la European Journal of Nutrition [1].

 

La paleodieta investigada aconseja, resumidamente, comer carne (roja), pescado, verduras y frutos secos, así como fruta en cantidades limitadas, y excluir los cereales, las legumbres, los lácteos, la sal, el azúcar refinado y los aceites procesados. De hecho, esta dieta es denominada en el estudio "del hombre de las cavernas". En palabras de un investigador: "La creciente popularidad de esta dieta hace que sea importante comprender la influencia que ejerce sobre la salud en conjunto" [2].

 

Como es lógico, suscribimos totalmente esta afirmación. Pero al mismo tiempo nos preguntamos si en el estudio han utilizado las mismas pautas de alimentación que damos en nuestros cursos de formación. Primero vamos a profundizar en los resultados del estudio, y después daremos nuestra opinión sobre la carne roja, la fécula resistente y la grasa saturada.

 

Influencia sobre la salud del intestino

En este estudio participaron 44 personas que seguían la paleodieta. En el grupo de control había 47 personas que comían un menú australiano tradicional. A todos los participantes se les midió el nivel de n-óxido de trimetilamina (TMAO). El TMAO es una sustancia que se produce en el intestino y que está asociada a un mayor riesgo de cardiopatía.

 

En los resultados de la investigación se vio que el grupo páleo tenía mayores concentraciones de bacterias intestinales productoras de TMAO y el doble de TMAO en sangre que el grupo de control. Los investigadores suponen que los motivos son la falta de cereales integrales en el menú páleo y las mayores porciones de carne roja. Además, el estudio reveló que la población de tipos favorables de bacterias era más pequeña en el grupo de los seguidores de la dieta páleo, lo que también estaba asociado a una menor ingesta de hidratos de carbono, según informaron. Finalmente, a los científicos les pareció alarmante que quienes seguían la paleodieta comieran el doble de grasa saturada de lo que recomiendan las directrices oficiales.

 

Influencia de los cereales integrales y la carne roja

Un investigador lo explica: "Sabemos que los cereales integrales son una buena fuente de fécula resistente y muchos otros tipos de fibra fermentable, esenciales para la salud de nuestra microbiota intestinal. Y como el TMAO se produce en el intestino, la falta de cereales integrales puede modificar las poblaciones de bacterias, lo cual posibilita una mayor producción de este metabolito. Además, la carne roja contiene una sustancia precursora para la fabricación del TMAO".

 

Nuestra opinión

A raíz de los resultados de este estudio, nos gustaría aportar brevemente nuestra opinión (basándonos en las pautas de la paleodieta) sobre la carne roja, la fécula resistente y la grasa saturada.

 

Dieta páleo y carne roja

La paleodieta fue sacada a la palestra en los Estados Unidos por el doctor Loren Cordain con el nombre de the Paleo Diet Movement (el movimiento de la paleodieta). La confusión surge del hecho de que a la popular "dieta del hombre de las cavernas" también se le llama dieta páleo, pero esta dieta preconiza precisamente el (gran) consumo de carne roja, mientras que Cordain lo desaconseja. De ahí que nosotros optemos por los nombres "paleodieta" y "dieta páleo" como traducción de la dieta desarrollada por él.

 

En la paleodieta recomendamos elegir fuentes de proteínas procedentes de todo lo que nade, corra y vuele, lo cual hace que los animales tengan mucha proteína (muscular): pescado, marisco, aves (preferentemente pollo, pavo, pato, avestruz y faisán ecológicos) y caza menor (conejo, por ejemplo). Además, por supuesto es importante que los animales tomen comida natural y no estén "cebados".   

 

Desaconsejamos comer mucha carne de grandes mamíferos, como bovinos y cerdos. La carne de mamífero no solo contiene una sustancia precursora del TMAO, sino también neu5Gc, una proteína que se parece mucho a la humana Neu5Ac, por lo que no es reconocida en un principio como ajena al cuerpo. Sin embargo, con el tiempo el sistema inmune acaba reaccionando a ella, lo que posiblemente acarrea la aparición de inflamación de bajo grado y el desarrollo de enfermedades autoinmunes [3].

 

Fuentes buenas de fécula resistente

Nuestros ancestros cazadores-recolectores tenían una microbiota intestinal extremadamente diversa gracias a su patrón alimenticio variado y rico en fibra [4, 5]. En su menú abundaban sobre todo las verduras, la fruta, los frutos secos y las semillas como fuente de hidratos de carbono digeribles y no digeribles, como la fécula resistente. Resistente es la fécula (o productos de desecho suyos) que no se digiere en el intestino delgado.

 

Los cereales, las patatas enfriadas y las legumbres son fuentes ricas en fécula resistente. Pero antes de la revolución agrícola nuestros ancestros apenas la comían o no la comían en absoluto.

 

Por consiguiente, la paleodieta desaconseja comer cereales (refinados), ya que contienen muchas sustancias dañinas para nuestro intestino. Lo mismo se puede decir de las legumbres y de las plantas de la familia de las solanáceas, como las patatas. Estos alimentos pueden estar presentes de vez en cuando en la mesa cuando no hay problemas de digestión, pero en una terapia es mejor que su cliente los evite (temporalmente) por completo.

 

Fuentes de fécula resistente que sí encajan con la paleodieta son:

Avena cruda (déjela en remojo por la noche en agua o, por ejemplo, yogur de coco), batata enfriada, calabaza, plátano verde (añádalo, por ejemplo, a un smoothie), semillas, frutos secos y harinas de arrurruz y castaña.

 

Más información sobre fécula resistente

La fécula resistente es un tipo de hidrato de carbono no digerible que no se descompone en el intestino delgado, por lo que llega sin digerir al intestino grueso. Sirve como alimento para las bacterias saludables que viven en él. Esto hace que las bacterias intestinales saludables (bifidobacterias, lactobacilos y bacteroides) incrementen su número, lo cual es positivo para la salud de la microbiota [6]. Además, al digerir la fécula resistente se originan ácidos grasos saludables como el ácido butírico (o butirato), que a su vez es una fuente de energía para las células de la pared intestinal.

 

Más información sobre fibra alimentaria en este artículo: La importancia de la fibra alimentaria

 

Grasa saturada

La dieta páleo ve las ventajas para la salud de una cantidad moderada de grasa saturada en la alimentación, y parte de que son más bien las dietas con exceso de hidratos de carbono las que pueden dar lugar a cardiovasculopatías [7]. Puede encontrar más información sobre el papel de las grasas saturadas y la influencia de un menú con demasiados carbohidratos en estos artículos:

 - Aceite de coco: ¿saludable o no?

- Científicos deportivos: la grasa saturada no es mala

 

Finalmente, una observación general: la paleodieta tal como la recomendamos es, bajo nuestro punto de vista una buena base para la terapia, pero cabe señalar que cada persona es única y que a menudo son varias las causas que influyen en los síntomas. Por lo tanto, es importante mirar bien la situación específica de cada cliente y ofrecerle una recomendación alimentaria (páleo) a medida.

 

Fuentes

[1] Angela Genoni et al, Long-term Paleolithic diet is associated with lower resistant starch intake, different gut microbiota composition and increased serum TMAO concentrations, European Journal of Nutrition (2019).  DOI: 10.1007/s00394-019-02036-y

[2] https://medicalxpress.com/news/2019-07-heart-disease-biomarker-linked-paleo.html

[3] Vered Padler-Karavani et al., Diversity in specificity, abundance, and composition of anti-Neu5Gc antibodies in normal humans: Potential implications for disease, Glycobiology, Volume 18, Issue 10, October 2008, Pages 818–30,  https://doi.org/10.1093/glycob/cwn072, en https://academic.oup.com/glycob/article/18/10/818/1997766

Varki, A., In the Light of Evolution: Volume IV: The Human Condition. Uniquely Human Evolution of Sialic Acid Genetics and Biology, National Academy of Sciences (US); Avise JC, Ayala FJ, editors.Washington (DC): National Academies Press (US); 2010, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK210017/

[4] Schnorr S, et al. (Apr 2014). Gut microbiome of the Hadza hunter-gatherers. Nature Communications, 5(3654). www.nature.com/ncomms/2014/140415/ncomms4654/full/ncomms4654.html  

 

Clemente JC, et al. (Apr 2015). The microbiome of uncontacted Amerindians. Science Advances, 1(3). www.advances.sciencemag.org/content/1/3/e1500183.full 

 

Le Chatelier E, et al. (Aug 2013). Richness of human gut microbiome correlates with metabolic markers. Nature, 500(7464). Retrieved from www.nature.com/nature/journal/v500/n7464/full/nature12506.html

 

Cotillard A, et al. (Aug 2013). Dietary intervention impact on gut microbial gene richness. Nature, 500(7464). www.nature.com/nature/journal/v500/n7464/full/nature12480.html

 

[5] Guarner, F., Gut flora in health and disease, the Lancet, 2003 Feb 8;361(9356):512-9, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12583961

[6] Lockeyer, S., Health effects of resistant starch, a review,  Nutrition Bulletin

Volume 42, Issue 1, 05 January 2017, https://doi.org/10.1111/nbu.12244,

https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/nbu.12244

[7] F.A.J. Muskiet, M.H.A. Muskiet en R.S. Kuipers, Het faillissement van de verzadigd vethypothese van cardiovasculaire ziektes, Ned Tijdschr Klin Chem Labgeneesk 2012; 37: 192-211

https://www.nvkc.nl/sites/default/files/NTKC/2012-3-p192-211.pdf