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Lunes 10 Diciembre 2018

¿El germen del párkinson se encuentra en nuestro intestino?

Se van acumulando las pruebas de que este órgano también está implicado en la enfermedad de Parkinson. Se ha visto en estudios que las personas a quienes se les extirpa el apéndice tienen menos probabilidades de desarrollar esta enfermedad. 

Hace poco que ya se ha vinculado la inflamación intestinal al párkinson. Por otra parte, también es conocido el papel del apéndice a la hora de evaluar la función inmunológica y el microbioma. Por tanto, parece posible que el apéndice contribuya al párkinson mediante inflamación y alteración del microbioma.


La enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un mal incurable en la que la α-sinucleína se acumula en el cerebro. Esta patología neurodegenerativa se caracteriza por afectar principalmente a los nervios que controlan el aparato locomotor. Sin embargo, el párkinson es un trastorno del sistema nervioso central y periférico en el que están implicados varios sistemas, también con funciones no motoras. Ejemplo de ello es la disfunción del tracto digestivo, que en ocasiones puede preceder veinte años a los síntomas motores.  Con frecuencia también se ven afectados los nervios que influyen en los sentidos, la memoria y el estado de ánimo. 


El apéndice

El apéndice, también llamado apéndice vermicular o cecal, está en el ciego, está localizado entre el intestino grueso y el delgado. Probablemente sea el órgano más conocido del cuerpo humano cuya función aún se ignore. Durante mucho tiempo se pensó que era una parte inútil de nuestro cuerpo. 


Nuevo estudio

El Van Andel Research Institute de Michigan estudió datos desde 1964 de 1,7 millones de personas. A más de medio millón de ellas se les había extirpado el apéndice. El riesgo de párkinson era de un 20% menor en las personas que habían atravesado una apendicectomía. Además, la edad de diagnóstico se atrasó una media de 3,6 años.   Esto refuerza la hipótesis de que el apéndice desempeña un papel en el desarrollo o el desencadenamiento del párkinson. Esta enfermedad es más frecuente en entornos rurales, donde también se recogen los mejores resultados de una apendicectomía. Esto sugiere la presencia de un desencadenante ambiental subyacente.


El apéndice es terreno abonado

Un análisis del contenido de los apéndices extirpados de varias personas reveló que este es una reserva de formas patógenas de α-sinucleína, la misma proteína tóxica que se ve afectada en el cerebro de los pacientes con párkinson. El corte del nervio vago se ha puesto en relación con una menor incidencia de enfermedad de Parkinson, y estudios con animales sugieren que el microbioma intestinal desempeña un papel importante. Por eso, los investigadores concluyeron que el intestino es un terreno abonado para la proteína, que después llega al cerebro a través del nervio vago.


¿Es la apendicectomía la solución?

Por desgracia, la extirpación del apéndice no previene todos los casos, lo que significa que debe haber otro factor que influya.  Antes ya se ha sugerido un desencadenante ambiental. Razón de más para no extirpar así como así el apéndice a los pacientes con párkinson o cortar el nervio vago.


Tratamiento en el futuro

De los resultados se deduce que una apendicectomía tiene un efecto protector contra el párkinson décadas antes de que aparezca la enfermedad. Es necesario comprender el foco de esta patología, que, en consecuencia, posiblemente esté en el intestino, es decir, fuera del cerebro, para poder desarrollar un tratamiento adecuado e incluso prevenirla, si es posible.


Es necesario seguir investigando para poder establecer un protocolo terapéutico. Este puede estar orientado, por ejemplo, a controlar la formación de α-sinucleína e inhibir su producción en exceso. También se puede intentar evitar la migración de esta proteína tóxica del intestino al cerebro. 


Fuentes

http://stm.sciencemag.org/content/10/465/eaar5280https://www.bbc.com/news/health-46050744