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Martes 3 Marzo 2020

Conozca la dieta cetogénica

La popularidad de la dieta cetogénica crece con rapidez. Entre el gran público, esta dieta es considerada un método para adelgazar rápido. Algunos también saben que usarla sirve para regular la glucemia y así revertir la diabetes tipo 2. Sin embargo, también hay muchas cosas acerca de esta dieta que están poco claras. Incluso se teme que tal vez no sea tan sana o que provoque carencias. En este artículo explicamos los principios básicos de la dieta cetogénica y por qué puede ser una potente intervención terapéutica para muchos de sus clientes.

 

¿Qué es la dieta cetogénica?

La dieta cetogénica es muy pobre en hidratos de carbono y muy rica en grasas. Que sea rica en grasas quiere decir que se añaden grasas saludables a la comida, como aceite de oliva, aceite de coco, mantequilla y ghee, aparte de usar alimentos grasos como pescado azul, aguacate, frutos secos y semillas. Además, se comen verduras en abundancia, una ración normal de proteínas y también algo de fruta. Es importante que el menú incluya una alimentación completa. A fin de cuentas, se trata de una intervención nutricional, y para ello es innecesario comprar productos y preparados caros. Al pensar en la dieta cetogénica, enseguida nos imaginamos comiendo muchos lácteos y tocino. Sin embargo, esto no es así. Se trata de tomar las proporciones adecuadas de hidratos de carbono, proteína y grasa, y eso se puede hacer también sin lácteos ni carne roja.

 

Combustible alternativo

El objetivo de la dieta cetogénica es enseñar al cuerpo a utilizar otra fuente de energía: la grasa en lugar de los hidratos de carbono. Al limitar drásticamente la cantidad de hidratos en la comida hasta un máximo de 30 gramos al día, el organismo entra temporalmente en una crisis energética y tiene que buscar una fuente de energía alternativa. Entonces tiene que elegir entre grasas y vitaminas. Para evitar descomponer las proteínas propias del cuerpo, se debe aumentar mucho la ingestión de grasas saludables en la alimentación, sobre todo al principio. Así el organismo no tiene más remedio que ponerse a quemar grasas.

 

La descomposición de las grasas produce, entre otros, la sustancia acetil coenzima A (acetil-CoA). Esta coenzima tiene un importante papel en el ciclo de Krebs. Si se come suficiente grasa, hay disponible una gran cantidad de acetil-CoA. Con ellos, el hígado fabrica cuerpos cetónicos. Estas sustancias, también llamadas cetonas, son moléculas llenas de energía que se pueden usar como combustible. Este método de producción se llama cetogénesis, y se trata de un proceso ancestral y evolutivo que capacitaba al ser humano para sobrevivir bastante tiempo sin comida.

 

El estado metabólico de la combustión de grasa en el que se producen cetonas se denomina cetosis.  La dieta cetogénica se basa en esto. El hígado también produce cetonas con la gripe y al ayunar: lo hace después de tan solo doce horas sin comer. Esto se detiene en cuanto se comen hidratos. Así pues, se puede estar en cetosis a lo largo de un día, pero se puede tardar entre semanas y meses antes de alcanzar el estado de "cetoadaptación". Se puede saber si alguien está en cetosis por medio de unas tiras de orina especiales que miden el nivel de cetonas en la orina.

 

Cetoadaptación

Hay una clara diferencia entre la dieta cetogénica y una dieta baja en hidratos (hipoglucídica). La mayoría de las dietas hipoglucídicas contienen aún demasiados hidratos y muy pocas grasas como para poder pasar a la combustión de grasas y a la cetogénesis. Con frecuencia se comen precisamente más proteínas para poder llegar al estado de saciedad, haciendo que el cuerpo cambie a gluconeogénesis y, en menor medida, a cetogénesis. La gluconeogénesis es la reformación de glucosa a partir de aminoácidos, entre otros. Esta nueva glucosa es la que se utiliza con preferencia, por lo que las cetonas se excretan a través de la orina y la respiración. De esta manera nunca se llega a la cetoadaptación.

 

La cetoadaptación implica que la persona esté adaptada al metabolismo cetónico y que, en consecuencia, las cetonas se utilizan eficientemente como combustible para el cerebro y los tejidos. 

 

Cetonas como fuente de energía y regulación

Al igual que la glucosa, las cetonas pueden atravesar la barrera hematoencefálica. El cerebro puede utilizarlas como fuente de energía además de la glucosa, lo que permite que de repente haya más energía disponible para toda clase de funciones cerebrales. Esto se puede notar en un mejor estado de ánimo, un humor más alegre y una mayor resistencia al estrés.

 

Pero a las cetonas se le atribuyen más ventajas. Así, tienen un efecto inmunorregulador que acelera la recuperación en caso de enfermedad. Además, disminuyen los dolores neuropáticos y las reacciones inflamatorias crónicas. Esto sucede también al reducirse el estrés oxidativo, por lo cual se producen menos daños.

 

En las afecciones neurológicas, las cetonas contribuyen a la distribución de la energía del cerebro, mejorando diversas funciones, como la cognición, la motricidad y la percepción sensorial. En caso de trauma cerebral o enfermedades neurodegenerativas, la dieta cetogénica eleva la producción de adenosín trifosfato (ATP), reduce el daño oxidativo, disminuye la síntesis de glutamato, la apoptosis y la pérdida de neuronas, aumenta el factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC) y ejerce un efecto inhibidor sobre los ataques epilépticos. Por estos motivos, una dieta cetogénica puede desempeñar un papel importante a la hora de controlar diversas patologías.

 

¿Es peligrosa?

Como no se suelen tener grandes conocimientos acerca de los fenómenos y procesos alrededor de la cetogénesis y la cetoadaptación, da miedo emplear una dieta cetogénica. Sin embargo, cuando uno se informa bien y comprende los mecanismos de acción, este patrón alimentario se puede emplear bien como intervención terapéutica. Una dieta cetogénica bien diseñada no provoca carencias, no da problemas como la "cetogripe" ni origina problemas a largo plazo con la digestión y la flora intestinal. Si se realiza bien, el resultado será una flexibilidad metabólica, permitiendo que en una fase posterior se puedan volver a comer más hidratos de carbono y conservar un cierto grado de cetosis. Esto hace posible volver a introducir verduras ricas en fécula y ciertas clases de fruta.

 

Aplicación en su consulta

Una dieta cetogénica bien diseñada con las cantidades correctas (en función de su cliente) de grasas saludables, hidratos de carbono y proteínas puede ser una potente intervención nutricional para diferentes patologías y un medio de prevención al estimular la flexibilidad metabólica. Es importante que haya una cantidad suficiente de grasas saludables en comparación con los hidratos sanos para que se pueda alcanzar la cetosis, lo cual se puede comprobar con ayuda de unas tiras de orina especiales. El objetivo de la dieta cetogénica es la cetoadaptación y el aumento de la flexibilidad metabólica, haciendo que su cliente tenga más fuentes de energía y finalmente, por tanto, también más energía a su disposición.

 

Nuestro agradecimiento a Louisette Blikkenhorst, del Instituto Cetogénico de los Países Bajos.

 

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