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Viernes 1 Marzo 2019

Se ha descubierto una relación beneficiosa entre los ácidos grasos saturados y el infarto de corazón

grasos saturadosEl ácido láurico y el ácido mirístico, ambos ácidos grasos saturados, han demostrado reducir el riesgo de infarto de corazón. Es lo que se desprende de una investigación del Centro Médico Universitario de Utrecht. Los científicos han compartido sus hallazgos en una revista internacional de cardiología. 


Estudios anteriores ya habían demostrado que la influencia de los ácidos grasos saturados sobre el nivel de colesterol depende de la longitud de las cadenas de carbono, pero aún no se sabía si esto afectaba también a la asociación con el infarto cardiaco. El objetivo del estudio actual era investigarlo con ácidos grasos cuya longitud variaba entre 4 y 18 átomos de carbono (Praagman et al. 2018).  


Investigación a gran escala

En esta cohorte epidemiológica participaron 53.375 daneses y 22.050 personas del Reino Unido a las que se siguió, respectivamente, más de 13 y 18 años. La ingesta de grasa saturada se midió al principio del estudio mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria validados y específicos de cada país (Praagman et al. 2018).  


Más efecto cuanto más se comen

De entre los daneses, 2.260 participantes tuvieron que enfrentarse a un infarto de corazón, mientras que en el Reino Unido fueron 1.204 personas. Descubrieron que el ácido láurico (12 carbonos) y el ácido mirístico (14 carbonos) ejercían una influencia favorable sobre el riesgo de infarto. Los participantes daneses que tomaban más ácidos láurico y mirístico tenían un 20% menos de probabilidad de sufrir infartos en comparación con quienes comían menos cantidad de estos ácidos grasos. También dicen que cuanto mayor es la ingesta de ácidos grasos de cadena más corta (4-10 carbonos) entre las personas de Dinamarca, menor es el riesgo.  


La longitud de la cadena se refiere al número de átomos de carbono del ácido graso. De este modo, por ejemplo, el ácido láurico se compone de doce (C12), y de hecho se le clasifica como ácido graso de cadena media (Praagman et al. 2018).


Asimismo, los investigadores se fijaron en la sustitución de ácidos grasos saturados por grasas insaturadas, hidratos de carbono y proteínas vegetales. El resultado fue que estas últimas eran más beneficiosas que los ácidos grasos de cadena larga ácido palmítico (C16) y ácido esteárico (C18) (Praagman et al. 2018). 


La longitud de la cadena influye

Los científicos han concluido que el efecto beneficioso de las grasas saturadas sobre el infarto cardiaco en este estudio depende de la longitud de la cadena, pero esta relación solo se observó entre los participantes de Dinamarca. En la discusión, los investigadores aclaran que la diferencia entre países se puede explicar, entre otros, por los distintos patrones alimenticios. En Dinamarca, la ingesta de grasas saturadas procedentes de lácteos y carne es mayor que en el Reino Unido (Praagman et al. 2018). 


Grasa de coco

Los investigadores indican que hacen falta más estudios que presten más atención al mecanismo subyacente de esta asociación encontrada por ellos, pero también a las diferencias entre ácidos grasos saturados e insaturados. Hace tiempo que se ha puesto en tela de juicio que a los ácidos grasos saturados se les denomine "grasas malas" (Costa 2012, Bueno 2015, Mumme 2015). 


También sería interesante mirar las distintas fuentes de ácidos grasos. Y es que aunque el estudio se fija principalmente en el ácido láurico procedente de lácteos, el aceite de coco también se compone en gran parte de este ácido. En qué medida podemos transferir los resultados de este estudio a esta grasa vegetal tropical es algo que no sabemos, pero cada vez hay más indicios de que el uso de esta grasa en la cocina realmente no es tan malo.

 

Fuentes

[1] Bonusan (2018). "Aceite de coco: ¿saludable o no?" Consultado en: http://www.bonusan.es/?objectID=5343&page=4


[2] Bueno et al. (2015). Dietary medium-chain triacylglycerols versus long-chain triacylglycerols for body composition in adults: systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Am Coll Nutr.; 34(2):175-83. doi: 10.1080/07315724.2013.879844.


[3] Costa et al. (2012). Influence of the dietary intake of medium chain triglycerides on body composition, energy expenditure and satiety: a systematic review. Nutr Hosp.; 27(1):103-8. doi: 10.1590/S0212-16112012000100011.


[4] Mumme et al. (2015). Effects of medium-chain triglycerides on weight loss and body composition: a meta-analysis of randomized controlled trials. J Acad Nutr Diet.; 115(2):249-63. doi: 10.1016/j.jand.2014.10.022.


[5] Praagman et al. (2018). Consumption of individual saturated fatty acids and the risk ofmyocardial infarction in a UK and a Danish cohort. International Journal of Cardiology; 279, 18–26.