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Martes 14 Julio 2020

Aceite de coco: ¿saludable o no?

Pero, ¿el aceite de coco es saludable o no? Esta cuestión sigue plenamente vigente gracias a la advertencia de la profesora de Harvard Karen Michels en 2018. Ella dijo que el aceite de coco es «veneno puro», por el aumento del colesterol y el riesgo de arterioesclerosis.

 

Según la catedrática Karen Michels, profesora adjunta de epidemiología de la Facultad de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, el aceite de coco contiene demasiadas grasas saturadas. Esto hace que aumente el nivel de colesterol en sangre, lo que provoca arterioesclerosis. Por este motivo califica al aceite de coco como «veneno puro» que se debe evitar.

 

¿Qué es cierto? 

El aceite de coco, o grasa de coco, contiene realmente muchas grasas saturadas: aproximadamente un 85 %. Desde 1985, especialmente, el consumo de grasas saturadas, colesterol y «grasas alimentarias» se ha asociado en general con enfermedades cardiovasculares (Keys et al., 1953-2020). Hasta la fecha, esta sigue siendo la opinión predominante. De este modo, el Centro de Nutrición indica en su página web que las grasas saturadas incrementan el colesterol «malo» LDL en la sangre, lo que no es bueno para los vasos sanguíneos. Así pues, recomiendan sustituir las grasas saturadas en la medida de lo posible, incluida la grasa de coco, por ácidos grasos poliinsaturados (Centro de Nutrición, 2020).

 

No obstante, no está claro que las grasas saturadas y un nivel alto de colesterol provoquen enfermedades cardiovasculares. Un estudio a gran escala ha puesto de manifiesto, por ejemplo, que un nivel elevado de colesterol LDL no acorta la vida de los ancianos. Más bien al contrario, un nivel alto de LDL suele asociarse a una mayor esperanza de vida (Ravnskov et al., 2016). ¿Cuál es nuestra opinión al respecto?

 

Funciones de las grasas saturadas 

Las grasas saturadas pueden dividirse en ácidos grasos de cadena corta, media y larga. Los ácidos grasos de cadena corta (ácido butírico y ácido láctico) conforman el caldo de cultivo para las células epiteliales del intestinto. Los ácidos grasos de cadena larga (ácido palmítico) se encuentran, entre otros, en la carne, los productos lácteos y el cacao, y estimulan la producción de LDL en el hígado.

 

Los ácidos grasos de cadena media (TCM, triglicéridos de cadena media) se encuentran en el aguacate (ácido caprílico) y el coco, entre otros. El coco está compuesto en más de la mitad de ácidos grasos saturados del TCM ácido láurico. Los TCM constituyen una fuente de energía para la betaoxidación en las mitocondrias. Esta combustión de grasa no solo genera energía, sino también la sustancia acetil-CoA. A partir de ella, el hígado puede producir cetonas. Aparte de la glucosa, solo estas cetonas son adecuadas como fuente de energía para el cerebro (los ácidos grasos no pueden atravesar la barrera hematoencefálica, pero las cetonas sí). De esta manera, los TCM, y la grasa de coco en particular, desempeñan una función importante en la dieta cetogénica.

 

Las múltiples funciones del colesterol 

Como ya hemos dicho, el colesterol LDL en particular tiene muy mala fama. Sin embargo, el colesterol, una sustancia grasa, tiene muchas funciones extremadamente útiles en nuestro cuerpo:

• Es el componente básico de nuestras hormonas sexuales y del cortisol;

• Es necesario para producir y formar las membranas celulares;

• La vitamina D se produce a partir del colesterol;

• Se utiliza para la producción de sales de ácidos biliares (importantes para la digestión de las grasas en el intestino delgado);

• Tiene una función en el sistema inmunitario innato: es una sustancia que repara daños, neutraliza las bacterias, los virus y las toxinas y, por lo tanto, reduce la endotoxemia en la sangre (Ravnskov, 2003).

 

¿Qué hacen el HDL y el LDL? 

El HDL y el LDL son lipoproteínas que transportan el colesterol y los triglicéridos por la sangre. El LDL tiene un elevado contenido de colesterol y bajo en proteínas y transporta el colesterol desde el hígado hasta los tejidos. El HDL vuelve a llevar el colesterol al hígado. Una vez en el hígado, el colesterol restante se utiliza en la producción de sales de ácidos biliares. Así pues, el LDL y el HDL tienen cometidos distintos, si bien ambos son importantes en el control del colesterol.

 

Pueden darse niveles elevados de LDL porque las células y tejidos necesiten un mayor nivel de colesterol, como por ejemplo en una situación de mucho estrés o si hay endotoxemia en el torrente sanguíneo. En este caso, el aumento del LDL es una reacción fisiológica del cuerpo para producir más cortisol o para hacer frente a la endotoxemia. A riesgo de repetirnos, pero en caso de mucho estrés o endotoxemia, es útil buscar la causa.

 

¿Cuándo resulta un problema un nivel elevado de LDL? 

El LDL tiene un contenido relativamente alto de grasa, por lo que se adhiere con facilidad a las paredes de los vasos sanguíneos. Si estos están resbaladizos (como la cara interna de una manguera), en principio el LDL no puede ahderirse. ¿Cuándo surgen los problemas, en concreto la arterioesclerosis?

 

En primer lugar, el LDL es sensible a la oxidación. Por eso es importante que la dieta contenga suficientes antioxidantes, especialmente vitamina E, a fin de contrarrestar la oxidación del LDL. Asimismo, los daños en las paredes vasculares pueden surgir como consecuencia de un valor elevado de homocisteína en sangre. Esto puede suceder si la dieta no contiene suficiente aminoácido sulfuroso metionina y es deficiente en vitamina B6, B12 y ácido fólico. En estos vasos sanguíneos deshilachados, el LDL puede adherirse fácilmente para después oxidarse. Esto deriva en una reacción inflamatoria, que provoca que los monocitos formen células espumosas. Y da lugar a la arterioesclerosis.

 

Influencia de la dieta 

Así pues, el consumo de alimentos que no contengan bastantes aminoácidos sulfurosos, vitaminas B y antioxidantes puede causar problemas en los vasos sanguíneos, si bien esto no guarda relación con el consumo de grasas saturadas, como el aceite de coco o alimentos ricos en colesterol, como los huevos, la carne de vísceras y las gambas. En principio, el cuerpo mantiene el equilibrio de la cantidad de colesterol. De este modo, con una mayor ingesta de alimentos ricos en colesterol, el hígado sintetizará menos colesterol y viceversa (Djoussé et al., 2009).

 

Es cierto que una dieta con demasiados hidratos de carbono rápidos puede afectar negativamente al equilibrio del colesterol. En resumen, una dieta rica en azúcares y la resistencia a la insulina provocan un exceso de glucosa en sangre, lo que puede causar daños (sacarización) de las paredes de los vasos sanguíneos, con todas sus consecuencias, como ya se ha descrito anteriormente.

 

Por otra parte, el excedente de glucosa estimulará al hígado a transformarlo en grasa y producir más colesterol, que después transportará como LDL. Un estudio sistemático ha demostrado que la reducción en la ingesta de carbohidratos mejora el equilibrio: aumenta el HDL, mientras que el nivel de LDL se mantiene inalterado (Santos et al., 2012).

 

Conocimiento aplicado a la práctica 

Para prevenir la arterioesclerosis no es necesario eliminar por completo el consumo de grasas saturadas y, por tanto, de aceite de coco. No está demostrado que una ingesta (moderada) de grasas saturadas provoque un aumento del colesterol y, por ende, enfermedades cardiovasculares (Muskiet et al., 2012). Una dieta con una ingesta excesiva de hidratos de carbono (rápidos) y déficit de determinados nutrientes (vitamina E, metionina, vitamina B6, B12 y ácido fólico) puede provocar daños en los vasos sanguíneos. El LDL puede seguir adhiriéndose a las paredes de los vasos sanguíneos, oxidarse y, en última instancia, provocar arterioesclerosis.

 

Fuentes

Djoussé, L., Gaziano, J.M. (2009). Dietary cholesterol and coronary artery disease: a systematic review. Curr Atheroscler Rep: 11(6): 418-422 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19852882

 

Keys, A. (1953). Atherosclerosis: a problem in newer public health. J Mt Sinai Hosp N Y: 20; 1:18-39. Meer informatie: https://www.sevencountriesstudy.com

 

Muskiet, F.A.J., Muskiet, M.H.A., Kuipers, R.S. (2012) Het faillissement van de verzadigd vethypothese van cardiovasculaire ziektes. Ned Tijdschr Klin Chem Labgeneesk: 37: 192-211
https://www.nvkc.nl/sites/default/files/NTKC/2012-3-p192-211.pdf

 

Ravnskov, U. (2003). High cholesterol may protect against infections and atherosclerosis
QJM: 96(12): 927–934, https://doi.org/10.1093/qjmed/hcg150

 

Ravnskov, U., Diamond, D.M., Hama, R., Hamazaki, T., Hammarskjöld, B., Hynes, N., Kendrick, M., Langsjoen, P.H., Malhotra, A., Mascitelli, L., McCully, K.S., Ogushi, Y., Okuyama, H., Rosch, P.J., Schersten, T., Sultan, S., Sundberg, R. (2016). Lack of an association or an inverse association between low-density-lipoprotein cholesterol and mortality in the elderly: a systematic review. BMJ Open:, 2016;6:e010401

 

Santos, F.L., Esteves, S.S., da Costa Pereira, A., Yancy, W.S., Nunes, J.P. (2012). Systematic review and meta-analysis of clinical trials of the effects of low carbohydrate diets on cardiovascular risk factors. Obes Rev: 13(11): 1048-1066   https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22905670

 

Voedingscentrum (2020). Zie: https://www.voedingscentrum.nl/encyclopedie/verzadigd-vet.aspx en https://www.voedingscentrum.nl/encyclopedie/kokos-en-kokosvet.aspx